Viajando bajo tierra se pasan los días grises. La gente es preocupación, prisas, ecos de lo que fueron antaño. Apago los auriculares un momento. El silencio reina en el vagón. Cuantas historias distintas hay en este tren, cuantas frustraciones, cuantos sueños, todos vagando silenciosos en el aire...Nuestras vidas se cruzan de forma momentánea y artificial en máquinas de ácero. Puedo ver a unos ancianos, con el rostro arrugado, cansado de vivir. Suben también dos chicas jóvenes, no más de veinte años. Su conversación es animada, historias de amores e ilusiones de futuro.
Más allá,. un hombre de unos treinta. Hasta hace poco su sonrisa era como la de las chicas y su mirada intensa y vivaz. Ahora, se está conviertiéndo en una persona adulta. Viste traje y lleva maletín, ahora tiene responsabilidades.
Cerca de mí, se apoya exhausto en una barra, un mendigo. Sus ojos dicen cuarenta, pero su piel parece tener muchos más. Se notan las noches con frío, con la única compañía de una botella.
Oigo una voz. Se está acercando mi parada. Los sudores de una mujer obesa se incrementan al recoger todas sus bolsas para salir a la estación. Llegamos. Me dirijo a la salida, hay mucha gente. Me espero a salir el último, no quiero tener prisa.
Antes de irme, observo como entra un niño de unos dos años con su madre. Entra riéndose a carcajadas de forma ingenua y luminosa. Justo antes de abandonar el vagón, atisbo un contagio de sonrisas entre los presentes. Sonrio yo también.
lunes, 1 de marzo de 2010
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¿Sabes? Yo también he tenido esa sensación cuando voy en metro... Muchas veces me he imaginado cómo serán las vidas de las personas con las que te cruzas, es todo tan artificial, pero al mismo tiempo tiene algo...
ResponderEliminarPD: Soy Alba xD La otra Séneca murciana :*
jaja, hace un montón de tiempo que no me metía a esto! Gracias por el comment, supongo que nos ha pasado a todos, con lo aburrido que es el metro.
ResponderEliminarY decirte, que eres la única Séneca murciana en nuestros corazones! jeje