lunes, 8 de marzo de 2010

Noche con destellos luminosos

Viernes por la noche. Las luces de neón se encienden otra vez por toda la ciudad. Se oyen conversaciones animadas que deambulan por las calles plagadas de ilusiones. Buenas ropas, maquillaje, alcohol y condones. Una carcajada se percibe en la distancia. La acera es golpeada por unos tacones a paso firme. La gente camina despacio hoy. Sí, hoy sí.

Nos dirigimos a nuestro lugar de encuentro. Nos saludamos efusivamente como si no nos hubiéramos visto nunca. En el frio invierno, en un arrebato de valentía, permanecemos horas a la intemperie del parque. Vasos, hielos, vodka, ron. A pesar de la temperatura, se nos empieza a dibujar un color sonrosado en las mejillas, sonrisa bobalicona en un rostro más envejecido que hace unos años.

Todos reímos sin esfuerzo. En el calor del grupo, tomo conciencia de mis sentimientos, sin quererlo. Saboreo el coctel químico que inunda mi organismo cuando apareces. Sensación placentera y dolorosa a la vez. Llegas tarde como siempre, pero has llegado. Tu sonrisa intensifica los efectos del alcohol en mis venas. Recogemos, es la hora, llegamos tarde.

En diez minutos, estamos en una cola no tan larga como la esperada. Perfecto. Entramos y sentimos una bocanada de aire caliente que nos induce un suspiro de alivio y relajación muscular. Bailamos al son de la música, más alegremente que si no hubiéramos bebido. Quiero decirte algo, ahora si me atrevo.

Estás con sonrisa serena y luminosa a la vez. Tu rostro es un anuncio de seguridad en el caos de este mundo. Me acerco a ti y abro la boca. Quiero ver como reaccionas. No sé lo que he dicho. Me entra la risa tonta. Te enfadas y recuerdo: otra frase ingenua y demasiado sincera.

Te vas con el resto del grupo y empiezo a sentirme imbécil progresivamente, con el nivel de velocidad que mis copas me permiten. Me hago más el borracho de lo que estoy y bailo desacompasadamente en un intento de de justificar mi conducta ante ti. Me ignoras, hablas con otros. Las luces del techo son bonitas. Me estoy mareando. Os veo desde lo alto mirándome. Creo que puedo tocar un foco con la mano, pero no llego.

Me levantáis con cuidado mientras me observa con la mirada fija. Finalmente me siento imbécil del todo. Bailo de forma tranquila, mientras se restablece mi equilibrio. La verdad es que veo doble., así que me siento en un sillón cercano.

Poso la cabeza entre mis brazos, es pesada, se me escapa entre ellos. Consigo sostenerme y mirar al frente con atención. Mi cabeza se vuelve a caer de mis brazos. Sin previo aviso, las lágrimas brotan a borbotones de mis ojos. Gimo fuertemente, pero el sonido se pierde entre la música dance. Me esfuerzo por borrar la imagen de ti besándote con otro. Me va a estallar la cabeza. De repente siento una angustia horrible. A cada segundo que pasa es mayor. Quiero expulsar tu imagen de mí.

Corro y me sorprendo vomitando en el aseo del bar, mitad dentro, mitad fuera. En un ejercicio de sensatez, me despido de todos. Sí, estoy cansado, no puedo más. Nos veremos otro día.

Duermo. Despierto al día siguiente y ya no siente mi cuerpo, solo mi cabeza como si fuera una locomotora en marcha. Enciendo el móvil. Un mensaje: ¿Estás mejor? ¿Salimos esta noche también? Te respondo: Claro, a las once donde siempre.

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